En los valles centrales de Oaxaca y las tierras altas de Jalisco, el tiempo se mide en cosechas. El agave no es un cultivo cualquiera; es una planta que espera pacientemente bajo el sol ardiente, acumulando azúcar y energía durante siete, diez, o incluso veinticinco años antes de estar lista para entregar su espíritu.
Nuestra inmersión no es un tour de degustación estándar. Es una invitación a caminar entre las filas de espadas azules al amanecer, cuando la bruma aún cubre el suelo volcánico. Es entender por qué los antiguos consideraban esta planta un regalo de los dioses.